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Martes, 05 de Septiembre de 2006

Sionas alteran rito sagrado para ser más y enfrentar al petróleo

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Guardianes de un extenso territorio, los indígenas sionas fueron hasta hace unos años un pueblo en vías de extinción, pero la lucha contra el petróleo y la colonización los obligó a alterar uno de sus ritos sagrados con el único fin de multiplicarse.

"Eramos pocos, pero decidimos romper la tradición para enfrentar el petróleo y a los colonos que querían invadirnos", recordó William Criollo, un joven líder de la comunidad asentada en la reserva lacustre de Cuayabeno, de 138.600 hectáreas y afectada por un derrame petróleo el 18 de agosto.

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Descendiente de una estirpe que congrega el poder ancestral y político de los sionas, Crillo evoca la época en la que la etnia se reducía a 120 miembros, la mayoría varones que heredaron la desconfianza hacia la mujer, considerada fuente de perturbación.

"En la cosmovisión siona las mujeres pueden atraer espíritus malignos, por eso tenían prohibido que bebieran Ayahuasca (yage) cuando estaban menstruando o en embarazo", afirmó.

La ayahuasca es una liana de la selva con cuyas hojas se prepara un brebaje de efectos alucinógenos.

Según otros dirigentes más veteranos, en esas condiciones ellas podían "enloquecer y hasta quitarle la vida" a los indígenas, que participaban en la ceremonia que se realizaba tres veces por semana.

"Y pues los hombres preferíamos Ayahuasca antes que mujeres, así que las familias máximo tenían dos o tres hijos", comentó con picardía Venancio Criollo, presidente de los sionas, en diálogo con la AFP.

Además tenían la costumbre de dormir en hamacas donde normalmente se "mece un solo nativo, por lo que muy de vez en cuando se juntaban las parejas", agregó.

Pero el panorama se ha transformado radicalmente en los últimos años.

En el asentamiento de Puerto Bolívar, selva adentro del Cuyabeno, los hombres ya no consumen Ayahuasca, las familias duermen en camas cubiertas con mosquiteros y los niños se cuentan por docenas repartidos en unas 35 familias que suman 450 sionas.

¿Qué pasó? La respuesta la resumen los Criollo: "Mujeres y hombres hoy consumen más cerveza que Ayahuasca y rara vez se duerme en hamacas, y como quien monta es el que manda....", se ríen mientras las mujeres consuelan en brazos a los bebés.

"La relación hombre-mujer cambió porque los sionas entendieron que para proteger el territorio de la explotación del petróleo y los colonos necesitábamos más hombres, aunque los más viejos aún no aceptan que las mujeres se les acerquen mientras beben yage", señaló Eva Merino, vicepresidente de puerto Bolívar.

Pese a ello los indígenas intentan mantener en pie el legado ancestral, obligando a los niños a hablar en dialecto baicoca y a asistir a las clases ataviados con sus tradicionales túnicas blancas dos veces a la semana.

Los menores refuerzan su arraigo estimulados por la imagen de Victoriano Criollo, el sabio más respetado de la etnia, de 89 años, cuya figura enfundada en la manta blanca deambula entre las familias dejando un halo de reverencia.

En la última semana Victoriano ha pasado la mayoría del tiempo cuidando a su mujer, quien sobrevivió a la picadura de una serpiente. Sus rezos permitieron que respirara mientras un helicóptero la trasladó hasta un hospital de Lago Agrio, en la provincia de Sucumbíos, según comentaron los nativos.

"Cuando yo muera esto ha de acabar", señala Victoriano sin nostalgia, refiriéndose a las tradiciones sionas, menguadas por el contacto con otras civilizaciones pero presentes en la memoria de los más jóvenes.

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